Varices

Las venas son vasos sanguíneos, que conducen la sangre desde los capilares al corazón y que están potenciadas, por unas válvulas que funcionan como un dispositivo anti-retorno permitiendo solo la que sangre vaya hacía el corazón, es decir llevando una sola dirección. Pues bien, cuando estas válvulas funcionan mal, no cerrando, y permiten que la sangre permanezca en la vena, impiden el reflujo de ésta a la periferia (reflujo venoso retrógrado); ocasionan que éstas se agranden y retuerzan; entonces hablamos de varices.

Se localizan generalmente en la parte posterior de la pantorrilla o en la cara interna de las piernas, aunque también podemos encontrarlas en el esófago, la región anal y los testículos. Afectan a 1 de cada 2 personas mayores de 50 años, siendo más comunes entre las mujeres que entre los hombres. Existen también las varices en araña que se parecen a las varices comunes, pero más pequeñas.

Podemos clasificarlas de la siguiente forma:

Estadio I: El sistema venoso superficial se dilata progresivamente, variando de un individuo a otro según unos factores como el ortostatismo (posición de pie), sedentarismo, obesidad, etc.

Estadio II: Las varices, hasta ahora asintomáticas, empiezan a provocar molestias tales como:

  • Cansancio: Relacionado con el ortostatismo prolongado y el calor, sobre todo por la tarde. Cede caminando y con la elevación de las extremidades inferiores.
  • Pesadez: Cede igual que el anterior.
  • Dolor: De distinta localización. Especialmente a lo largo de los trayectos venosos (pantorrillas, región perimaleolar, etc.). Puede ir desde una sensación de distensión hasta un dolor urente.
  • Calambres: Son muy frecuentes, más en las noches y en la región gemelar. Obligan a levantarse de la cama y pasear. Está en discusión la causa (etiología) varicosa o insuficiencia venosa profunda en la génesis de los calambres nocturnos. De hecho, el único tratamiento efectivo para estos está relacionado con la estabilización de la placa neuromuscular con quinina.
  • Pruito: Generalmente en la región perimaleolar y dorso del pie, zonas con más paquetes venosos. Cuando es muy importante obliga al rascado, que puede originar una sobreinfección, una diseminación eczematosa y, a veces, varicorragias; es decir hemorragia causada por la rotura de una vena varicosa.
  • Edema: Es el signo de mayor importancia ya que representa el fracaso de los mecanismos de regulación del drenaje venoso, originando distrofias cutáneas e hipodermis. En principio responde bien a la elevación de las extremidades inferiores, después se cronifica y no responde al tratamiento postural, por lo que no desaparece.

Estadio III: Situación de fracaso absoluto de los mecanismos de regulación del drenaje venoso, produciéndose la extravasación de hematíes al espacio intersticial. Se producen cambios en la coloración de la piel, que se vuelve parduzca por la hemosiderina (un pigmento que deriva de la hemoglobina cuando hay más hierro del necesario en el cuerpo). También se producen reacciones inflamatorias de la piel, lo que hace que aumenten más las distrofias cutáneas. Hay sufrimiento del tejido subcutáneo (hipodermitis).

Estadio IV: Es la consecuencia final de las alteraciones anteriores, apareciendo ulceraciones dolorosas principalmente en la región perimaleolar interna. A veces se sobreinfectan y aparecen reacciones eczematosas amplias.

Algunas de las complicaciones más importantes que pueden surgir son:

  • Varicorragia: Hemorragia de una vena varicosa al exterior porque se rompe la piel dando lugar a una hemorragia externa, o al tejido celular subcutáneo dando lugar a equimosis o hematoma.
  • Varicoflebitis: Inflamación de una vena varicosa. Se manifiesta por dolor, enrojecimiento y palpación de un cordón duro en la zona afectada.
  • Trastornos tróficos cutáneos.
  • Varicotrombosis: Trombosis de las venas varicosas.
  • Síndrome de Congestión Pélvica: Es debido a la aparición de dilataciones de varices en la zona de los genitales femeninos. Esto se atribuye a la incapacidad de las venas ováricas de recuperar su tamaño normal tras el embarazo, pues durante el mismo, van aumentando su diámetro hasta 60 veces por encima de lo habitual. Se trata de un cuadro clínico que se presenta en un 20% de las mujeres en edades comprendidas entre los 30 y 50 años y que, en la mayoría de los casos, ya han tenido por lo menos un embarazo.

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Causas y Factores a tener en cuenta.

Algunos factores influyen en su desarrollo, estos son algunos de ellos:

Obesidad.

Vida sedentaria.

Trabajos prolongados de pie.

Algunos fármacos, como por ejemplo los anticoceptivos cuyos efectos secundarios afectan a la circulación.

Embarazos.

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Síntomas más frecuentes.

Venas que se inflaman y se elevan a la superficie de la piel.

Pueden ser de color morado o azul oscuro.

Parecen estar torcidas y abultadas.

Pesadez en las piernas.

Calambres que son más frecuentes durante la noche y en la región del gemelo.

Picor, generalmente en la región perimaleolar, en el dorso del pie y en las zonas con más paquetes venosos.

Edema más o menos importante.

Úlceras varicosas, que a menudo se preceden de pigmentación parda de la piel.

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En el síndrome de congestión pélvica.

En fases avanzadas, la inundación de sangre venosa en las venas de la pelvis llega incluso a ser la causa de dilataciones variciosas en venas vulvares, hemorroides e incluso varices en las piernas muy difíciles de tratar dada su elevada capacidad de reproducirse si no son tratadas en su origen pélvico.

Las molestias son variables e inespecíficas y se manifiestan en los días premenstruales, pudiendo prolongarse a lo largo de cada período ya que es en estos días cuando se aprecia un mayor aumento del flujo sanguíneo venoso en la pelvis, al coincidir con la ovulación.

Sus efectos son:

  • Fuerte dolor durante la menstruación acompañada de distensión.
  • Estreñimiento.
  • Sensación de congestión abdominal.
  • Reglas abundantes.

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Referencias y Bibliografía:

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